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miércoles, 16 de diciembre de 2009

A veces...

A veces pasa que quieres actualizar tu blog. Y te sientas frente al ordenador abrumada por la cantidad tan enorme de cosas que tienes que decir y la pereza que te da teclear una sóla letra.
Te recuestas en la silla pensando por dónde empezar, rascándote la cabeza sin razón, como el vecino de la canción de Serrat...
Y al girarte, ves sobre la silla una revistilla que habías abandonado allí la semana pasada. Y recuerdas que algo en una de esas páginas, un día, en el metro, te había hecho temblar el corazón.
Olvidas toda intención creativa y la coges, debatiéndote entre el ansia, el hastío y la curiosidad. La abres, ecuentras la página y lo lees.
Se te ponen los pelos de punta.
Y te quedas sin palabras...

[LO SIENTO, AMOR, PERO NO...]

Lo siento, amor, pero no, no son flores,
rosas no son, ni crespos crisantemos,
son versos que imaginan que me amas,
versos sin más, tontos como las lágrimas.

Lo siento, amor, no son flores, tampoco
claros diamantes ni piedras de color
para entibiarse con tu dulce calor;
son versos que a tu paso voy sembrando.

Los voy robando a esa punzante pena,
pena por ti que siempre hacia la noche,
no importa dónde esté, festivo el rostro,

se hinca en mi ser y lo hace estremecerse…
Ah si pudieran, tan pronto como se hacen,
huir de mi cabeza hacia tu corazón…

Paul Valéry

jueves, 3 de diciembre de 2009

Más que mil palabras

Hoy encontré un tesoro.
Estoy echa polvo, apenas he dormido y me duele, como suele decirse, hasta el alma.
Pero me da igual. Me da todo igual. Porque encontré un tesoro.

Cuando menos lo esperaba y donde menos lo esperaba, rodeado de oro y de arte, desde un mundo paralelo en espiral, apareció.
Pequeño, casi insignificante, pero increíblemente bello.
Claro y hermoso, como es el ser humano - sí,sí, el mismo al que vemos día a día en su peor expresión.
Sencillo entre tanta grandeza. ¡Precioso!

Me infunde tales ganas de vivir, tales ganas de sentir ¡que tengo miedo de haberme vuelto loca!
Lo guardaré para siempre en mi mente y se lo devolveré su dueño. Allí se quedará. Una imagen que casi puedo respirar. Un beso que casi puedo saborear. Nunca se va a ir porque, ahora, su belleza es también mía.


No revelaré mi hallazgo, pero os puedo dejar alguna joya:
W. Klein (1955) Candy Store




- - A William Klein y a Nueva York, pero, sobre todo, a alguien que no voy a mencionar porque, seguramente, estas ñoñerías le parecerían un horror (y con razón...)
Me hacen inmensamente feliz tus lecciones sobre la suerte que tenemos de existir y que una vida no es vida sin pasión.
Admirarte es poco.